Vereda hacia la Escuelita y Cueva Camarones

Bosque Santa Rosa, Sector Cayuco, Utuado P.R.

Por: Carmelo Agosto Cintrón

© 2014

(Todos los derechos reservados por el autor)

Abril 28, 2014

El dia 26 de abril de 2014, varios miembros de la Fundacion de Investigaciones Espeleológicas del Karzo Puertorriqueño, (FIEKP), como parte de su filosofia de proteger nuestra zona kárstica y nuestras cuevas, llevaron a cabo una caminata por el interior del bosque Santa Rosa, Sector Cayuco de Utuado Puerto Rico. El propósito era inspeccionar y restablecer, "a machetazo limpio", la vereda, que conduce a varias cuevas que están cerca de la ruta y como destino final hasta las ruinas de la antigua escuelita del barrio Santa Rosa de Utuado, donde tantos vecinos del sector se beneficiaron con el pan de su enseñanza. Esta escuela operó por muchos años dando servicio a todos los campesinos de la comunidad de Santa Rosa, donde aprendieron "letras" niños y adultos. Donde se educaba, de cómo proteger todos nuestros recursos naturales para beneficio de toda la comunidad y comunidades futuras. Para administrar y educar, la maestra viajaba a caballo desde el Pueblo de Utuado, hasta el centro del bosque donde pernoctaba en la casa de un vecino, desde el lunes hasta el viernes, que regresaba en el caballo hasta el Pueblo.

Esta escuela estaba localizada en un "Abra" (valle), con un área de aproximadamente dos cuerdas de terreno, rodeado de altas montañas y donde en uno de sus lados surge una hermosa y cristalina quebrada por la vocota de la Cueva "Camarones", que se pierde dentro de las entrañas de una de las montañas que brindan eterna protección al valle. Actualmente la escuela, por motivo del deterioro causado por las inclemencias del tiempo, se ha desplomado y consumida por el hongo y termitas, solo queda como huella muda, los zocos de cóbana o guayacán y tornillos que aguantaban la estructura. También está la escalera que se costruyó en concreto, y el dulce recuerdo de aquellos que la pudieron ver en toda su actividad educativa y que todavía la llevan tal cual era, en sus corazones.

La actividad se llevó a cabo con la comparecencia de los compañeros, Héctor Hernández (como guía) Su esposa María, su Nieta, (Ariana), de diez años, Miguel Babilonia, Héctor Santiago, Brenda L. Meléndez y Carmelo Agosto. Como de costumbre se dejaron los autos en la casa del compañero Eliud, y penetraron al bosque en los autos con tracción delantera de Miguel y Héctor. Muchas veces hubo que detener la marcha para con los machetes cortar algunas ramas que inpedían el paso. Con un poco de dificultad llegaron los autos hasta las cercanías de la cueva Perdida. Carmelo y Ariana entraron a la cueva Charon, con el propósto de corroborar que no habia cambiado su fisionomia, luego Miguel y Ariana, (que estaba emocionada por la belleza del interior de las cuevas) entraron a la Cueva Perdida, hasta llegar al río. El siguiente encuentro lo tuvo Miguel con la entrada vertical de la Cueva Perros.

Desde ese punto continuaron la caminata hasta llegar al "valle del naranjo", allí se identificó la vereda que conduce a la Cueva Golondrinas y al "Valle de la Luna". Desde ese punto y con un jiro hacia la derecha se dirigieron al valle triangular que siempre estubo sembrado de frutos como yautias, yuca, ñames, plátano y guineo, por el último agricultor que trabajó esas tierras, y que todavía vive. Después de haber sufrido múltiples culetazos y cerca de tres horas caminando, "halando machete" deslindando la vereda, y ya un poco canzados, llegaron al conocido valle de la escuelita. La primera impresión fue un poco triste y desagradable impacto, en el sitio y en alguna vez anterior, algunas personas visitaron ese precioso lugar y aparentemente acamparon por varios diaz, solo que al dejar el lugar, "olvidaron" las carpas plásticas, sogas, amarras, y hasta algunas prendas personales, gran cantidad de basura y desorden en gran parte del área.

A sugerencia del compañero Héctor Santiago, notificó que era momento de ingerir algunos alimentos para luego hacer un meticuloso registro mental, recordando como estaba orientada la escuela, localizar todos los zocos y la escalera. Fueron muchas las anécdotas que recordaron, Héctor y su esposa, de aquellos tiempos que esa estructura estubo en todas sus funciones educativas, y que en muchas ocasiones habían visitado. Recordando las numerosas casas de vivienda que habia en los alrededores, donde todos los vecinos se querían y se trataban como hermanos.

Mientras varios compañeros hacían sus exploraciones en el sector, Brenda, Miguel, Ariana y Carmelo, decidieron mojarse un poco y cruzar los los dos pequeños lagos que componen la cueva Camarones. El agua estaba friiiiiiia se escuchaban gritos de horror cuando algunas partes de sus cuerpos entraba en contacto con el agua que en ocaciones les llegaba hasta el cuello. Como para Ariana era la primera experiencia en cuevas con agua, esta se cobijó bajo la proteccion del Compañero Miguel. Fue muy hermoso poder ver el reflejo de las múltiples estalactitas en el fondo del lago, lo que invitó a una larga escena y sesión de fotos por parte de la compañera Brenda y de Miguel.

La cueva Camarones se orienta un tanto hacia el nor-este y su boca puede medir unos quince pies de ancho por unos ocho de alto en su forma ovalada, la primera charca puede tener unos treinta pies de largo y unos cuatro de hondo, reduciendo su altura a unos cuatro pies en su lado más alto. Múltiples colapsos de gran tamaño adorna el suelo que adolece de estalagmitas con alguna que otra a los lados. La segunda charca es un lago que puede tener unos ocho pies de ancho y unos cincuenta piés de largo, una profundidad de hasta seis pies aproximados, con una bóveda o techo que varía de quince a treinta pies de alto. Donde termina el lago es evidente que hay un sifón que cuando la quebrada crece, trae y ha formado una duna de arena en uno de los lados que puede tener seis pies de ancho por unos ocho de largo y una elevación sobre el nivel del agua de unas dieciocho pulgadas. Como el agua estaba tan agradable los compañeros Héctor y María, aprovecharon la cascada del agua a la salida de la cueva, disfrutando a plenitud las Maravillas de la Naturaleza.

Después de dos horas en el entorno, era el momento de regresar, muy complacidos de haber alcanzado la meta de la limpieza de toda la vereda y visitado todas las cuevas en esa ruta para asegurarnos que la madre naturaleza las tenia bien protegidas. Aunque un poco cansados por la caminata y el "macheteo" todos mostraban en sus rostros la alegría de haber terminado la meta con tan agradables experiencias. El regreso fue un poco más lento por el peso de los años de algunos, y otros por estar un poco fuera de forma. Solo las jovenes, estaban en forma de hacer otra caminata similar, especialmente la jovencita de diez años "Ariana", que quería seguir explorando todas las cuevas del hermoso Bosque Santa Rosa de Utuado.

Es para todo Puerto Rico, un privilegio contar con la custodia de un patrimonio cultural tan importante y hermoso como lo es el Bosque de Santa Rosa, su flora, fauna, cuevas, sumideros, valles, rios, sus mogotes, la maraña de veredas que unía tanto a los residentes campesinos del lugar que conducian al Pueblo de Utuado, quebradas que después de nutrir a los residentes de vida, buscan afanosamente la protección de ríos más caudalosos, entre otros. Si mirásemos en nuestra imaginación toda esa maraña de veredas parecería la circulación sanguínea del cuerpo humano que todas las venas, de una forma u otra se une como destino al corazón, que es nuestro Puerto Rico. La conservación de todo este patrimonio es responsabilidad de todos. Es impresindible la educación y el compromiso para mantener limpio todo nuestro entorno ambiental. De esta manera ayudamos a conservar nuestros Recursos Naturales.